Censura en Chamical
Observatorio de Conflictos por los Recursos Naturales
"Sentís que no estás en democracia, que no podés mostrar una bandera, tu
mensaje. Sentimos que nuestros derechos no son respetados, y esto es habitual.
Lo que pasó con la gente de Olta es algo habitual, ha pasado numerosas veces."
En la tarde del 21 de agosto, mientras el vicegobernador de la provincia de
La Rioja visita la localidad de Chamical para encabezar la celebración
cívico-militar del 57 aniversario de la ciudad, tres integrantes de la Asamblea
de los Llanos —compuesta por militantes de Chamical y Olta— exponen una tela con
la leyenda “No a la megaminería en La Rioja” desde la azotea de una casa.
Aproximadamente siete minutos más tarde, un agente policial de civil logra
trepar a la terraza del edificio e incauta la pancarta.
Entrevista con Sebastián Pérez Arrieta (23), miembro de la Asamblea de los
Llanos.
P: “Tengan cuidado, soy policía”. ¿Esas fueron las palabras pronunciadas
por el agente mientras les enseñaba su arma reglamentaria? ¿Durante la mañana
algunos miembros de la asamblea tuvieron que soportar el allanamiento de sus
viviendas?
R: El policía había subido a la parte frontal del techo de la casa, pero en
el momento en que ya se había ido a la parte de atrás, a punto de bajar, es
cuando nosotros nos acercamos para decirle: “Devolvenos la bandera, ¿por qué
estás haciendo esto?”. El tipo tenía puesto un pulóver; lo que hace es
levantárselo y mostrar el arma que tenía metida en el pantalón. En un principio,
se había solicitado el permiso a las autoridades de Chamical para participar en
el desfile como una organización social. Fue la gente de Olta la que recibió, la
mañana del 21, la visita de la policía de Investigaciones. A dos asambleístas
les preguntaron, básicamente, cuál era la acción prevista y cuántos iban a
venir.
P: A pesar de lo irracional de la respuesta policial, la acción tuvo un
impacto significativo que desplazó nuevamente el centro de gravedad de la
resistencia contra la minería hacia el noroeste de Argentina (véase Cerro Negro: 9–20 de julio).
R: Afortunadamente, esto tuvo rápida repercusión en los medios locales; con
el correr de los días nos ha llamado gente de Córdoba, Buenos Aires... No sé si
ha reavivado la lucha, pero sí ha mostrado una realidad que se vive en esta
zona: sentís que no estás en democracia, que no podés mostrar una bandera, tu
mensaje. Sentimos que nuestros derechos no son respetados, y esto es habitual.
Lo que pasó con la gente de Olta es algo habitual, ha pasado numerosas veces. A
una de las chicas, la misma que el día de la celebración sufrió una crisis de
nervios, la gente de Investigaciones solía visitarla cada vez que el gobernador
de la provincia se encontraba en Chamical.
P: La campaña iniciada en los LLanos pone el acento, en primer lugar, en
el rechazo a la explotación del uranio en toda esa región del sureste
provincial.
R: Hay varios proyectos de empresas multinacionales que, afortunadamente, no
han llegado a concretarse. Una empresa llamada Uranios tenía planeado comenzar
una explotación en la zona de Malanzán; después tenemos Los Colorados, una
explotación antigua de uranio. Esta mina nunca fue remediada: la CNEA ha estado
presente en el sitio porque la población denunció que el agua estaba
contaminada. Analizaron muestras de agua y las condiciones en las que habían
quedado los diques de colas y las pilas de residuos sólidos. Resultó que
detectaron “posibles” fuentes de contaminación tanto de las napas como del agua
superficial. En las napas la contaminación superaba diez veces la cantidad de
uranio recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
P: El trasfondo inmediato del conflicto puede encontrarse en la
importancia crucial que tuvieron en la Argentina la reactivación de la actividad
nuclear en 2006 y el relanzamiento del plan estratégico de la Comisión Nacional
de Energía Atómica (CNEA) en 2010: uno de los objetivos clave a conquistar por
el organismo es la recuperación de la capacidad de exploración y producción
minera con el fin de asegurar las reservas y provisión de uranio nacional para
las centrales nucleares actuales y futuras.
R: La reactivación de la explotación de uranio para alimentar las centrales
nucleares tiene mucho que ver. El problema es que no va a producir una empresa
argentina; se lo lleva una empresa de otro país. Y luego nosotros lo tenemos que
comprar para nuestras centrales: ese es otro de los inconvenientes. Fue cuando
nos enteramos del resurgimiento de Los Colorados que se empezó a formar la
Asamblea de los Llanos. Cuando el Gobierno provincial dio a conocer que había
proyectos en la zona, un grupo de vecinos decide formar en cada una de las
ciudades un foco de resistencia.
P: La CNEA controla al menos 32 áreas de cateo ubicadas en Salta,
Catamarca, La Rioja, Mendoza, Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz. En este
marco, en 2006 el entonces gobernador de La Rioja firmó un acuerdo de
cooperación con la Comisión para el aprovechamiento de los depósitos uraníferos
existentes en la provincia.
R: En ese mismo marco se firma el contrato con la empresa minera Caudillo
para trabajar en Los Colorados. Consideramos que para poder retomar una
explotación primero tiene que remediarse la anterior. Si uno no realiza la
remediación previa no puede reexplotarse. Ese el principal conflicto en relación
al uranio.
P: Al mismo tiempo, han hecho hincapié en el hecho de que en Olta se está
desarrollando una “particular” situación...
R: En Olta hay una mina a cielo abierto de granito que ha comenzado a
explotarse en el mes de agosto. Es algo que ya se viene explotando en Olta; no
nos hemos resistido porque no consideramos que tenga el mismo nivel de riesgo y
de impacto ambiental que una explotación de uranio. Pero, en este caso
particular, se trata de una zona protegida por ley. La Ley 8301 de la provincia
de La Rioja establece que la zona de Vallecito está protegida, porque es uno de
los pocos ambientes donde puede sobrevivir el oso melero y otras especies
autóctonas. Si está protegida por ley, ¿cómo es posible que se autorice una
explotación a 100 m de los cursos de agua?
P: En los últimos años, algunas autoridades han empezado a tomar con gran
seriedad las exigencias que plantean. Un ejemplo ilustra esto a la perfección:
el día 14, el distrito capital se declaró “zona no nuclear”. ¿Han examinado como
colectivo hasta qué punto pueden incidir sus acciones en una política de
aprovechamiento de los recursos?
R: El acampe del día 2 de enero en Alto Carrizal ha marcado un antes y un
después en la lucha contra la megaminería en nuestra provincia y, quizás, en el
país mismo (véase Filtración de documentos pone en alerta a las asambleas
riojanas). Desde ese momento, muchas fuerzas políticas han comenzado a mirar
la lucha con otros ojos. Se puede influir en la política minera, pero tenemos
que tener mucho cuidado de que los últimos movimientos que se han sucedido en la
provincia no sean una estrategia más del Gobierno. Distintas agrupaciones,
gremios, partidos políticos y algunos miembros de las asambleas de Famatina y La
Rioja (cdad.) han conformado una especie de cuerpo o movimiento seudopartidario
para contrarrestar una serie de políticas que violan los derechos de la
población. Consideramos que puede tratarse de una estrategia política: asociarse
con los intendentes que, supuestamente, están en contra del gobernador para que
las asambleas dejen de ser una oposición imposible de comprar, y con la que no
se puede negociar, y se transformen en un movimiento que tenga características
partidarias.
Por el Observatorio de
Conflictos por los Recursos Naturales (OCRN) en alianza con Acción por la
Biodiversidad.
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