domingo, 17 de junio de 2012

divisiones del cristinismo: Flaquezas del poder

La Presidenta premia, castiga y deja ganadores y heridos. El nuevo escenario y los que ya apuestan a 2015.

Por Alfredo Leuco

 
Scioli radiografió la enfermedad que está sufriendo el gobierno de Cristina: “Siguen sacando conejos de la galera pero son cada vez más flacos y se mueren antes”. Pepe, el hermano del gobernador, se refería a los anuncios de alto impacto, como la cristinización de YPF, la remalvinización de la Cancillería o la reiteración de promesas de megaplanes para la construcción de viviendas. Tienen cada vez mayor fugacidad y menos penetración en la opinión pública.
El excelente discurso de la Presidenta en la ONU fue rápidamente erosionado por el nulo resultado que produjo y porque fue abismal la diferencia entre lo que hace (adentro) y dice (afuera). El ruego de: “Somos argentinos, queremos dialogar” pareció un chiste de la imitadora del programa de Jorge Lanata. Es sorprendente cómo la aparición de fisuras en la economía real acelera la demanda social de otros valores que tenían olvidados cuando el bolsillo estaba lleno y el futuro sólo traía buenas noticias. Preocupaciones como la inflación, desocupación, corrupción e inseguridad subieron rápidamente en la tabla de posiciones de todas las encuestas. Es proporcional a la caída de imagen positiva de la Presidenta y a la exposición obscena de torpezas políticas, pero básicamente a la recesión como horizonte posible.
Se podría argumentar con decenas de ejemplos. Pero las suspensiones de obreros de Fiat y Renault (la exportación de autos cayó 45% en mayo), el despido de albañiles de la Uocra Rosario por falta de pago en las obras públicas, la parálisis del mercado inmobiliario, la sequía que cercenó más de 12 millones de toneladas de granos y la sangría de 5 mil millones de dólares que huyeron de los bancos desde noviembre muestran la multiplicación de las incertidumbres. Para colmo, la falta de sucesión en el Gobierno diseminó estas grietas entre la propia tropa oficialista. Un Gobierno mudo, casi unipersonal, siempre se mostró como una roca impenetrable que castigaba a los traidores y les daba a elegir entre el silencio o la persecución. “Vos te vas de acá muerto o preso”, es la respuesta que le dio Cristina y que dejaron trascender desde fuentes cercanas a Julio De Vido. Era una manera de explicar los motivos de su atracón de sapos sin intentar la mínima queja. Desde ese mismo lugar, que fuera el riñón y la caja de Néstor Kirchner, hoy se les están entregando carpetas con información inconveniente para otros miembros del gabinete a periodistas “hegemónicos”. Algo cambió. Hay fisuras que filtran discusiones o batallas que antes no existían o se mantenían como parte de la omertà. Esos trapitos sucios que en muchos casos ya no se lavan adentro afectaron la carrera de José Ottavis, degradado y condenado a la Siberia; de Nilda Garré, Hernán Lorenzino o el propio De Vido, reemplazados por Sergio Berni, Guillermo Moreno y Axel Kicillof sin siquiera avisarles a los titulares. El banco de suplentes está en pleno calentamiento precompetitivo. Hay ministros que tienen casi el cien por ciento de desconocimiento porque no participan del debate público por temor a los gritos de Cristina y no a un periodista “monopólico” que les haga una zancadilla.
En otro momento de solidez económica y blindaje político, tal vez Esteban Righi hubiera estado mucho más solo en su reaparición pública cuando calificó a Amado Boudou, el presidente en ejercicio, como “autor de una infamia”. Sin embargo, estuvo abrazado solidariamente por figuras simbólicas del kirchnerismo no beligerante como Eugenio Zaffaroni, Jorge Taiana, Carlos Arslanian, Daniel Rafecas y hasta el lúcido periodista de Página/12 Mario Wainfeld. Todos se arriesgaron a una sanción disciplinaria, una tarjeta amarilla por lo menos, por ponerle el cuerpo a lo que piensan. Hay muchos kirchneristas que todavía defienden una verdad de sentido común: “Se puede apoyar a un gobierno sin convertirse en un robot que levanta la mano y aprueba todo a libro cerrado”.
Un funcionario impecable, de prosa exquisita, como Rafael Bielsa, tal vez no se hubiera permitido en otro momento comparar en una lista de “sacerdotes que idearon sus tribunales de la Gráfica Inquisición” a escribas de origen ideológico tan antagónico como Felipe Romeo (Triple A), José Gómez Fuentes (vocero de la dictadura durante Malvinas) y a Horacio Verbitsky, entre otros. Claro que probablemente fue en respuesta a un informe de inteligencia publicado por Verbitsky que le atribuía a Bielsa ser poco menos que abogado de un enemigo como Clarín, al solo efecto de defender a la futura procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó.
En el plano sindical, debajo de las grandes luces que van a culminar con inéditas cinco centrales sindicales a fines de julio, hay también discusiones ideológicas impensables. Distraídos por las CGT de Moyano, Caló y Barrionuevo y las CTA de Micheli y Yasky, no registramos la manera desembozada con la que el Gobierno opera en la interna gremial, incluso con solicitadas firmadas por José Pedraza desde la cárcel donde se encuentra, acusado por el asesinato de un militante del PO. Cristina le ordenó al resucitado ministro Florencio Randazzo que citara de urgencia a una reunión a Viviani (taxistas), Fernández (UTA), Suárez (marítimos) y Maturano (La Fraternidad). ¿Cuál fue el motivo? Salirle al cruce a un documento de valor histórico que redactó Juan Carlos Schmid (del sindicato de Dragado y Balizamiento), el flamante jefe de la Confederación de Trabajadores del Transporte y uno de los que integran la mesa chica del moyanismo. Allí, entre líneas, y sin nombrar a nadie, se les reclama a ex compañeros como Horacio Ghillini que, si están enojados con Moyano, se podrían refugiar en su gremio y en sus intereses de clase y no asociarse a millonarios sindicalistas menemistas (ahora kirchneristas) y propatronales como Cavalieri o Lescano.
Ni qué hablar del Movimiento Evita, que se desmarcó a la velocidad de la luz de Daniel Scioli para sumarse a paso redoblado al espacio Vélez, que comandan Cristina y Máximo, pese a que habían sellado un fuerte acuerdo de ayuda mutua. Andrés Larroque, comandante de La Cámpora, reveló, al borde del sincericidio, lo que piensan la madre y el hijo: “Sea quien sea presidente en 2015, la conductora del país va a ser Cristina”. No todo el peronismo sueña lo mismo. Por eso hay aprestos de rebelión en la granja K. El rompecabezas del poder cruje e imagina nuevos escenarios. Los conejos que salen de la galera apenas son pingüinos disfrazados.

Rodilla

La Argentina padece la grave dolencia del olvido. Está inmersa en lo que suele denominarse, cuando se habla de vidas privadas, como “déficit de atención”. Es una dolencia peliaguda: todo aburre, nada atrapa, la vida transcurre en la montaña rusa de las efusiones fugaces. Nos preguntamos poco y nada sobre esa incapacidad de recordar lo relativamente reciente. Una sociedad que no sigue con deliberado interés lo que la afecta de manera directa, es como un geronte aquejado de senilidad.
¿Cuánto tiempo transcurrió desde que nos estuvieron hamacando impiadosamente con la mítica tarjeta SUBE? Tenerla era la puerta de entrada a un transporte más barato. La Presidenta zamarreó a la gente en plena canícula para que hiciera colas bajo el sol a fin de munirse del bendito plástico. Hubo plazos perentorios: sáquenla ya o se van a embromar. La gente hizo las colas y se ilusionó. No anduvo: la tarjeta existe relativamente hoy, pero los que no la tienen no pagan más caro.
El mismo dispositivo, sádico e irresponsable, se aplica en variados casos y escenarios. Hace muchos años que este gobierno practica con fervor mesiánico la estrategia de los anuncios, un procedimiento intrínsecamente fraudulento que desnuda una profunda fisura ética. Lo del Indec es más de lo mismo: mentir sin pestañear. Paradigma de esa conducta abominable es el zigzagueo incesante de la logorrea de Aníbal Fernández (“hago lo que se me antoja” primero, “hice lo que tenía que hacer” después).
En una época del país en la que las palabras son monarcas absolutas de la cotidianeidad, anunciar es hacer. ¿Dónde están las “milanesas para todos” que anunció hace algunos meses la presidente en una de sus más bochornosas correrías mediáticas? Todo sucede como si la Argentina, supuestamente comprometida con la evocación híper ideologizada de los años 70, viviera en realidad despojada de ayer y de mañana. Esto no empezó con la señora Fernández. Pocas semanas después de jurar como presidente, Kirchner reinauguró el servicio mesopotámico del tren El Gran Capitán, hoy cancelado y que nunca anduvo mínimamente bien. El día que un equipo de reporteros rastrille los diarios desde mayo de 2003 a hoy para transcribir la hilera infinita de anuncios hechos pero incumplidos en esta casi década de gestión, la sociedad sentirá náusea. Son centenares de planes, decisiones, programas y operativos que a lo largo de los años se vienen proclamando como partes de batalla que se desmaterializan a las pocas semanas. Cínica hasta la exasperación, la sociedad refunfuña pero banca esas fugacidades y barrunta que ya nada la sorprende.
A quienes se llenan el paladar con la convicción de que la Argentina es el lugar del mundo más comprometido con la “memoria”, sería bueno proponerles verdades más amargas y menos indulgentes. En verdad, tendemos a chapotear en el recuerdo regurgitante de lo bastante viejo y caduco, pero el registro de lo más reciente se nos hace resbaladizo y hasta imposible. Tiene razón, por eso mismo, Francisco Peregil, el perceptivo nuevo corresponsal de El País de España, al subrayar que el plan de los créditos para “soluciones habitacionales” revela improvisación oficial. “Su efecto positivo en la imagen del Gobierno perdurará menos que la expropiación de YPF”, diagnostica con una certeza inquietante.
Es que los anuncios, como los legendarios “operativos” argentinos, son a una política de Estado lo que las eyaculaciones precoces de un varón a su vida sexual. Son zafarranchos, escarceos, guisos retóricos que se vierten sin control, como un jarabe tóxico sobre una sociedad que, aun cuando presume que está siendo engañada, remolonea con incredulidad, pero enseguida olvida. ¿Cuántos “planes” de vivienda se han presentado en estos nueve años? ¿Cuántos servicios ferroviarios se han puesto en servicio? ¿Cuántas fábricas han sido inauguradas o relanzadas? ¿Quién lleva el registro de tantas y tan variadas exhalaciones de impudicia?
La pasión por el instante, esa hazaña congelada en el tiempo y que pareciera hacerse realidad por el solo hecho de anunciarse, transpira en otros nichos de la realidad social del país. Así, por ejemplo, una colección de emires sindicales que integran el consejo directivo de la CGT publicó una solicitada esta semana reclamando contra la falta de transparencia e ilegalidad que atribuyen a Hugo Moyano. Muertos versus degollados: los primaverales democratizadores que suscriben el esperpento son el encarcelado José Pedraza (“secretario de Cultura” de la CGT), el apóstata de Moyano y poderoso empresario del taxi Omar Viviani, el empresario de la construcción Gerardo Martínez, el mimado centauro estatal de Menem, Andrés Rodríguez, así como juveniles pichones de la militancia proletaria argentina, del estilo de Armando Cavalieri y Oscar Lescano, quien, no sin un bienvenido toque de humor, firma como “secretario de Turismo”. Es la misma operación: olvido asegurado, memoria perforada, atención dispersa, impunidad efectiva, en tanto y en cuanto todo puede ser dicho y proclamado en la Argentina sin temor a pagar precios verdaderamente altos.
La peste de una política que pivotea esencialmente sobre anuncios, generados a su vez por corazonadas espasmódicas, deja –sin embargo– alta rentabilidad para quienes conducen hoy al país. Tapada por la lluvia de proyectiles mediáticos, la sociedad se olvida mañana de lo que la indignó hoy. Más allá de que Kicillof puede participar simultáneamente de la conducción de Techint-Siderar, liderar de hecho a YPF y pergeñar un mega plan nacional de viviendas, lo cierto es que el bochorno de la rodilla aerotransportada de Máximo Kirchner fue desplazado de la agenda periodística por las genialidades “keynesianas” de “Axel”.
Tras casi un cuarto de siglo de manejar Santa Cruz y ante su aparente carencia de condiciones médicas correctas, gastaron 60 mil dólares en ir a recuperarlo al pobre Máximo por su rodilla infectada para traerlo a un sanatorio privado de excelencia, aunque en 2003, cuando inauguró la sala presidencial del Hospital Argerich, Kirchner juró que quería ser atendido de la misma manera en que se atiende el pueblo. Ahora prometen darles vivienda a centenares de miles de argentinos. ¿Por qué se debería creer que cumplirán?

 Pepe Eliaschev

Erronea insistencia oficial, Realidad y verdad

Aumentan las señales económicas alarmantes. Pero la Presidenta no corrige el rumbo y se sigue equivocando.

Por Nelson Castro 


La realidad, a la manera de una ola imparable, va haciendo sentir su presencia a las puertas mismas del Gobierno. La desaceleración de la economía ya no puede ser disimulada ni por los dibujados índices de inflación del Indek ni por las cifras de aumento de la recaudación sobre las que en forma descontextualizada informa la AFIP. El bienvenido plan de viviendas lanzado de apuro en el “Aló Presidenta” del miércoles (¿cuántos planes destinados al mismo fin lanzó ya el kirchnerismo?) responde a la necesidad de hacer frente a la falta de viviendas y a la desaceleración de la actividad en la construcción.
Como muchas de estas iniciativas K, el plan tiene un trasfondo de improvisación que quedó plasmado en los discursos de ese día. Varias cuestiones a considerar. El déficit habitacional constituye una de las mayores deudas sociales. Por eso, junto con lo bienvenido de las medidas están los peros, que no son pocos ni menores. El primero es la utilización de los fondos de la Anses, primitivamente destinados a atender los pagos de haberes de los jubilados. De ahí el severo reproche hecho al titular de ese organismo, Diego Bossio, de la Corte Suprema, que viene reclamando el cumplimiento de sus fallos por los beneficiarios que cobran mucho menos de lo que les corresponde. Es paradójico que la Anses señale que si paga lo que marca la ley se funde cuando, al mismo tiempo, lanza un plan de viviendas a base de préstamos hipotecarios a tasas de interés inferiores a las de la inflación, lo que a la larga terminará por enflaquecer sus arcas.
Es curioso que estos créditos subsidiados tengan entre sus destinatarios a quienes perciban ingresos de $ 30 mil por mes.

Otra incógnita se refiere a la necesidad de obras de infraestructura que habrá en muchos de los terrenos fiscales que se asignen para construir. ¿Quién se hará cargo? La siguiente duda tiene que ver con la real capacidad que hay para levantar 100 mil viviendas por año.
También hay hechos que son discriminatorios, ya que quedan excluidos de toda posibilidad de acceso a estos créditos los habitantes de la Capital, de La Rioja y los jubilados. Es evidente, además, que la premura con que se anunció el plan tuvo como objetivo competir con el lanzado hace unos días por la Ciudad de Buenos Aires que, aun cuando insuficiente, parece más realista que el de la Nación.
En medio de todos estos tejes y manejes, las arcas provinciales muestran déficits crecientes que obligan a sus gobernadores a suplicar a la Casa Rosada. Una escena grafica esta situación. Días pasados un gobernador, que gestionaba en persona la liberación de fondos que le corresponden a su provincia, se sorprendió cuando –al llegar al despacho de la presidencia del Banco Nación– se encontró con unos 17 ministros de Economía de otras tantas provincias que hacían antesala a la espera de ser atendidos.
Sobre esta realidad hablaron días atrás Daniel Scioli y Gabriel Mariotto, en una comida en la residencia del gobernador. No es que haya renacido entre ellos un amor que nunca existió. Lo que los unió fue el espanto. Mariotto cayó también en la cuenta de las dificultades de caja que complican la gestión de muchos intendentes que viven la angustia de no saber si a fin de mes podrán pagar los sueldos. Horas antes, Scioli había quedado muy preocupado por los datos y la visión de futuro que le arrojó Roberto Lavagna. Esa reunión –que molestó a la Presidenta y a su entorno– tuvo que ver con el armado de una estructura política de la cual también participará Alberto Fernández, pero además con el diagnóstico y el pronóstico del ex ministro sobre nuestra economía. Scioli quedó muy preocupado. Lavagna está convencido de que se avanza hacia un callejón que no tendrá otra salida que un ajuste con reminiscencias del Rodrigazo, un plan con medidas drásticas que derivó a una gran conflictividad social y turbulencia política.
Los indicadores que se conocieron en las últimas horas confirman una desaceleración económica indisimulable. Las restricciones a la compra de dólares, la confusa cláusula de la pesificación de los contratos incluidas en el proyecto de reforma del Código Civil que en breve tratará el Congreso y el sostenido nivel de restricciones a las importaciones generan un deterioro de la actividad que ya llevó a muchas fábricas a cancelar turnos y a suspender a parte de su personal, al que acecha la angustia del despido.
Todo esto genera dudas de las que la Presidenta tuvo una muestra irrefutable en su reunión con empresarios e inversores que fueron a escucharla en el encuentro organizado por el Consejo de las Américas en Nueva York. Según lo que varios de los asistentes al almuerzo comentaron, la mayoría quedó bastante insatisfecha con sus respuestas, pues quiso mostrar el ingreso de Carlos Slim a YPF como un logro de alto impacto. Lo cierto es que Slim se quedó con acciones que los Eskenazi no pudieron pagar luego de haber sido eyectados de la compañía. Ahora habrá que ver si el empresario mexicano apuesta a más. La necesidad de YPF de obtener fondos que hoy el Gobierno no le puede dar es imperiosa.
La semana deparó otros dos hechos de impacto. Uno fue el episodio de salud que afectó a Máximo Kirchner. Como se sabe, el hijo de la Presidenta sufrió una artritis séptica de su rodilla derecha que en las manos de dos destacados médicos, los doctores Carlos Autorino y Horacio Rivarola Etcheto, tuvo el tratamiento adecuado. La evolución del paciente es óptima. Lo que escandalizó fue el abusivo uso de los recursos del Estado –el avión presidencial, dos helicópteros, dos ambulancias, numerosos autos para operativos de distracción– para atender una patología que podría haberse resuelto en Santa Cruz. Este uso sobredimensionado de los bienes y los fondos del Estado –Carlos Menem hacía lo mismo– forma parte de la concepción absolutista de quien cree que el Estado es ella.
El otro hecho fue la presencia de la Presidenta en la reunión del Comité de Descolonización de la ONU. Su discurso fue bueno. Su crítica a la provocación del primer ministro del Reino Unido, David Cameron, fue justa. Pero igual la presencia de Fernández de Kirchner en la ONU de nada sirve. Mal que les pese a ella y a sus funcionarios, hoy las islas están lejos. El gran desafío es vencer la barrera cultural que separa a los kelpers de la Argentina. Es una tarea que demandará años y para la cual nada se ha hecho.

El malhumor social: Los indignados de CFK

La Presidenta suma desaciertos, unifica críticas y genera reclamos. De Reposo al dólar y los salarios como ganancia.


Cristina atraviesa el peor momento político desde su histórica reelección. Ella es la principal responsable de la caída en las encuestas producto de su tenacidad para ver la paja en el ojo ajeno e ignorar la viga en el propio. Una sumatoria de errores no forzados consiguió verdaderos milagros, como poner en actitud combativa a casi todos los sectores sociales que conformaron el 46% que no la votó y, también, a una porción del 54% que colocó su boleta en las urnas. La unidad en la lucha que los partidos de oposición no lograron fue parida por un gobierno que los amontonó y, a fuerza de maltrato, los empujó a la calle. Lejos de Madrid, Cristina construyó sus propios indignados.
A falta de dinero, fue desnudando demasiada ineficacia en la gestión. La sucesión de medidas espasmódicas, contradictorias entre sí y de una tozudez insólita, diseñó este complejo escenario donde crecen simultáneamente las dificultades económicas y el malhumor social.
El escándalo de Daniel Reposo funcionó como catalizador. Aceleró un desgaste absolutamente gratuito y certificó que todavía estamos lejos del Imperio Romano, cuando Calígula designó senador a su caballo preferido: Incitatus.
Se produjeron manifestaciones de relativa magnitud pero que hasta hace un tiempo no existían. Expresaron su descontento las cacerolas de clase media, los productores con un paro nacional agropecuario y la parte más honesta y rebelde de la Central de Trabajadores Argentinos y de los movimientos sociales que representan a desocupados que, además, recibieron, por primera vez, el respaldo formal de la CGT que lidera Hugo Moyano. Su hijo Pablo puso en marcha los camiones de la huelga, apoyó explícitamente el proyecto Scioli 2015, celebró la reunión con la cúpula del radicalismo y el acercamiento con Luis Barrionuevo. “Unión Democrática”, podrán decir desde Carta Abierta. Pero lo cierto es que Cristina no es Perón y que su capricho de convertir el salario en ganancia para castigar a Moyano sirvió para encolumnar a gente con posturas antagónicas hasta hace muy poco.
Lo más preocupante es que todas las protestas tuvieron como destinataria a la presidenta de la Nación. Es el riesgo de conducir casi en soledad. Todos los votos son de ella, pero también todas las críticas. Es una forma autoritaria de gobierno que algunos denominan “cristinato”.
¿Cuál fue la reacción del oficialismo frente a estas novedades impensables hace un par de semanas?
Arrojaron más nafta al fuego del facilismo con sus expresiones de deseo: los caceroleros son golpistas de cuarta, millonarios que sólo creen en la religión del dólar, y los ruralistas son conspiradores, avaros como dijo Cristina, piqueteros de la abundancia.
Ni siquiera consideran que haya gente fatigada de tanta palabra blindada. Ni se les cruza por la cabeza que haya ciudadanos hartos de que el Gobierno tenga vocablos prohibidos como “inflación”, “inseguridad” o “corrupción”. O familiares de la tragedia de Once que exigen juicio y castigo a los culpables. O empleados que sienten en el bolsillo que vamos derechito a chocar contra la crónica de una recesión anunciada. ¿No se puede frenar antes? Ya destruyeron el autoabastecimiento energético pese a las advertencias de los expertos. ¿Van a repetir el mecanismo con la economía? ¿No alcanza con ver las suspensiones de horas extras y la destrucción de puestos de trabajo que aparecen en actividades que fueron estrellas del crecimiento como la automotriz y la construcción? ¿No se plantean que la bulimia por consumir dólares la desató el Gobierno con su corralito? Es cierto que ante tanto río revuelto suele merodear una pescadora del terrorismo de Estado como Cecilia Pando. Pero nadie la apoya.
Con su altanería, el Gobierno es una máquina de expulsar materia gris económica como Lavagna, Remes, Prat Gay, Redrado, Peirano y Lousteau, entre otros. El arbolito del dólar les tapa el bosque de la inflación. Con el viento de la soja todavía a favor y sin ninguna causa objetiva para entrar en turbulencias, la economía argentina, sin programa y sin piloto, corre desesperadamente para todos lados detrás de los problemas, y sólo logra agravarlos.
Es Moreno y no el mundo el que se nos cayó encima.
Cristina utiliza un maniqueísmo absurdo para consolidar a Néstor Kirchner como una estampita de Oesterheld. En su objetivo de santificar e instalar en un altar a Néstor, la Presidenta se ve obligada a satanizar y demoler a sus viejos aliados.
No quiere testigos molestos como el vaciado De Vido, el preso Cirigliano o Cristóbal López, al que le puede ir peor si se confirman los rumores de estatización del juego y de tarjeta roja para su desembarco en los medios.
Borrar el pasado es imposible. La sociedad mediática siempre nos devuelve a la costa los archivos que arrojamos al mar informativo. En la última cadena nacional, la Presidenta se dedicó a fustigar a la directora de un colegio confesional que no le permitió a una joven militante hacer un discurso sobre la memoria y aquel nefasto 24 de marzo de 1976. Cristina mostró fotos y su repudio.
En su momento la revista Noticias reveló la foto de Néstor Kirchner con el general Oscar Guerrero (discípulo de Camps) en un acto por Malvinas donde reclamaron el diálogo entre los militares y “las fuerzas vivas”.
En 1981, el matrimonio Kirchner había firmado una solicitada calificando el régimen como “estado de derecho”.
Ya revelé lo que ocurrió con la ley que estableció el 24 de marzo como Día de la Memoria en Santa Cruz. El proyecto de Argentino “Cococho” Alvarez y Carlos Pérez Rosetti (País-Frepaso) en su segundo artículo establecía “instruir al Consejo Provincial de Educación” para realizar actividades en todas las escuelas que expliquen las consecuencias del terrorismo de Estado que instauró el golpe de 1976 e “incentivar entre los alumnos los hábitos y las conductas democráticas”.
El bloque del oficialismo que respondía al gobernador Kirchner y lo integraban, entre otros, Cristina Fernández, Carlos Zannini y Héctor Icazuriaga se negó a aprobar ese artículo. ¿Con qué argumento? No quisieron “provocar” a las familias de militares radicadas en la provincia a la que pertenecen muchos de los docentes y estudiantes.
Está escrito en el Diario de Sesiones. Aquella vez no hubo errores de tipeo.

 Alfredo Leuco

UNA PROPUESTA PARA PLURALIZAR

  Ley de Medios: para que usted no lo crea

El filósofo expresa su entusiasmo por el horizonte que abre la Ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual para mejorar “el puente comunicacional”, pero sugiere un cambio: que se efectivice la apertura del juego a las voces discordantes. Lo propone de una forma original: que participen todas, en simultáneo, más allá de las líneas editoriales.

 

Por Tomás Abraham 


De la Ley de Medios no sólo es necesario recordar los límites que deben acatar sus adjudicatarios en lo referente a la propiedad de los mismos. Ya bastantes intrincadas y poco claras parecen ser las cláusulas que hablan sobre las condiciones de su posesión. Dejo de lado ese problema para quienes saben de leyes, contratos y concesiones. Aquí me referiré al tema del “uso” de los medios, es decir, al encuadre legal respecto de la producción y circulación de las palabras en un sistema democrático.
Desde ese punto de vista, nos hacemos partícipes del entusiasmo por el nuevo horizonte que se abre con la Ley de Medios en lo que atañe a las posibilidades para mejorar el puente comunicacional entre los emisores de información y las millones de personas a las que está destinada el parte diario cuando no instantáneo de la actualidad nacional.
Con este propósito me permito sugerir no exactamente modificaciones sino unos pocos agregados al nuevo formato elaborado en su momento por los expertos en la materia.
En lo que respecta a los canales de noticias, a las principales estaciones radiales y a los grandes diarios del país, cada una de estas empresas deberá habilitar, para que haya un ejercicio efectivo de la libertad, un 15 por ciento del espacio que destinan a la información política nacional para que ejerza su labor un contradictor o replicante de la línea editorial de la fuente emisora. Esta intervención de una suerte de abogado del diablo de acuerdo a la reconocida y tradicional figura del contrapoder originada en instituciones eclesiásticas, se aplicará luego de una evaluación pública del ente regulador de los medios, es decir el Comfer, una vez que dictamine que el canal informativo ha superado el 54 por ciento de noticias favorables o desfavorables –en el caso de medios opositores– al Gobierno nacional
Una vez producido el diagnóstico que asevera la existencia de la llamada “bajada de línea” o corriente de información tendenciosa de la empresa periodística, deberá conformarse un espacio que tendrá la denominación universal de
“Para que usted no lo crea”, nombre facilitador en tanto evoca un conocido programa conducido por Jack Palance que con el nombre de Aunque usted no lo crea marcaba el trayecto de lo inverosímil a lo posible en una infinidad de temas.
En este caso se trata de otro recorrido, ya que de una presentación retórica que pretende ser fiel a los acontecimientos, se efectúa una versión contrastada de los mismos a cargo de un especialista en el tema. Por eso el nombre del espacio invoca la necesaria incredulidad requerida en los fenómenos de opinión de los sistemas democráticos que se sostienen en la pluralidad y la diversidad de voces presentes en el ágora ciudadana.
Esta vez se trata de no creer. Las manifestaciones de creencias se distinguen de las producciones de pensamiento por el hecho de que las primeras parten de una voluntad de repetición y los segundos nacen de un paréntesis mental provocado por un acontecimiento inesperado. No hay pensamiento si no se marca una fisura en el universo rutinario.
El acto de entrega de sí que lleva a cabo un consumidor de noticias lo acostumbra a buscar en la información lo que ya sabe o aquello en lo que ya cree, y a satisfacerse con la reafirmación de su sistema de certezas. No quiere conocer nada que altere el dispositivo de seguridad que le garantiza la permanencia de su identidad y reacciona cada vez con mayor agresividad si se hiere su narcisismo opinológico.
La introducción del elemento disruptivo del replicante tiene un efecto desorientador para quien está preparado por la costumbre a recibir lo esperado y se encuentra con una voz que desestabiliza su conjunto de evidencias. Pensar duele, pero es un dolor que vale la pena en términos de emancipación.
Si el tiempo informativo es de una hora, en los 15 minutos apartados por la ley se ofrecerá una versión diferenciada de los sucesos establecidos por la agenda cotidiana. Esta proporción se establecerá de modo análogo para el caso del periodismo gráfico, que deberá ceder al replicante un día por semana la sexta parte de lo acumulado en ese lapso en sus secciones políticas.
De ser así, el ciudadano consumidor de información podrá apreciar y evaluar según su propio parecer el peso de veracidad de cada una de las partes que se atribuyen la objetividad de la entrega de lo que se conoce por realidad.
Por eso, si denominamos “verso” a la información que supera el 54 por ciento tanto de atribuciones positivas de la acción gubernamental como a las negativas de la oposición, denominamos “reverso” a la tarea del contradictor que resulta de su construcción informativa correspondiente.
La intervención de la figura del replicante equilibrará la labor del periodismo militante que se justifica a sí mismo en nombre de una moral del compromiso y del interés que legitima de acuerdo a su posición hermenéutica. Si de acuerdo a esta afirmación sobre el modo en que opera el sujeto de la enunciación respecto del sujeto del enunciado, todos nos adscribimos a una versión interesada de la realidad, el espíritu democrático que inspira la Ley de Medios obligará a que la militancia periodística sea plural y evite en la medida de lo posible el lavado de cerebros previo a la inscripción de una determinada creencia favorable a un grupo de poder.
La evidente ventaja que este agregado a la ley tiene respecto de la mentada facultad de zappear o de mover el dial que tiene el consumidor con control remoto, perilla, botón, tecla o páginas destinadas al análisis político, es que se ampliará su perspectiva en la medida en que al extremar las posibilidades del ejercicio de su libertad y remover la fijeza de su universo de costumbres, podrá ver despertada su curiosidad por lo que dirán los diferentes informantes y comparará la calidad comunicacional de los intervinientes en el mismo canal informativo, ya sea audiovisual o gráfico, por el que se distribuyen los mensajes.
La ciudadanía verá enriquecido el espectro de la oferta informativa y buscará de acuerdo a su control de calidad tanto a sus informantes como a sus replicantes preferidos.
Finalmente, no se hará más que extender el campo del llamado revisionismo histórico que interesa a todos los que exigen tener una visión crítica respecto de interpretaciones dominantes de la historiografía liberal, a un revisionismo periodístico elaborado en el instante mismo de la noticia ya que en este caso se trata de la actualidad y no del pasado.
Los candidatos a replicantes presentarán sus antecedentes al Comfer, que los ingresarán en listas separadas de acuerdo a sus preferencias políticas e ideológicas. Una vez detectado un exceso tendencioso en una emisora, por sorteo saldrá elegido el replicante correspondiente para que realice su función de contradictor autorizado.
Sin lugar a dudas, esta nueva presentación de la ley con los articulados agregados a la anterior legislación, promoverá que en las escuelas de periodismo y en las facultades en las que se dictan las materias de la carrera de Comunicación se modifique la currícula con el complemento de las asignaturas Teoría de la Réplica I y II, que contribuirán a la formación de periodistas noveles, futuros protagonistas del mercado informativo ya preparados con el instrumental teórico y el conocimiento conceptual del modo en que interviene la opinión pública en sistemas políticos democráticos y del rol que deben cumplir los comunicadores sociales.