La Presidenta suma desaciertos, unifica críticas y genera reclamos. De Reposo
al dólar y los salarios como ganancia.
Cristina atraviesa el peor momento político desde su histórica reelección.
Ella es la principal responsable de la caída en las encuestas producto de su
tenacidad para ver la paja en el ojo ajeno e ignorar la viga en el propio. Una
sumatoria de errores no forzados consiguió verdaderos milagros, como poner en
actitud combativa a casi todos los sectores sociales que conformaron el 46% que
no la votó y, también, a una porción del 54% que colocó su boleta en las urnas.
La unidad en la lucha que los partidos de oposición no lograron fue parida por
un gobierno que los amontonó y, a fuerza de maltrato, los empujó a la calle.
Lejos de Madrid, Cristina construyó sus propios indignados.
A falta de dinero, fue desnudando demasiada ineficacia en la gestión. La
sucesión de medidas espasmódicas, contradictorias entre sí y de una tozudez
insólita, diseñó este complejo escenario donde crecen simultáneamente las
dificultades económicas y el malhumor social.
El escándalo de Daniel Reposo funcionó como catalizador. Aceleró un desgaste
absolutamente gratuito y certificó que todavía estamos lejos del Imperio Romano,
cuando Calígula designó senador a su caballo preferido: Incitatus.
Se produjeron manifestaciones de relativa magnitud pero que hasta hace un
tiempo no existían. Expresaron su descontento las cacerolas de clase media, los
productores con un paro nacional agropecuario y la parte más honesta y rebelde
de la Central de Trabajadores Argentinos y de los movimientos sociales que
representan a desocupados que, además, recibieron, por primera vez, el respaldo
formal de la CGT que lidera Hugo Moyano. Su hijo Pablo puso en marcha los
camiones de la huelga, apoyó explícitamente el proyecto Scioli 2015, celebró la
reunión con la cúpula del radicalismo y el acercamiento con Luis Barrionuevo.
“Unión Democrática”, podrán decir desde Carta Abierta. Pero lo cierto es que
Cristina no es Perón y que su capricho de convertir el salario en ganancia para
castigar a Moyano sirvió para encolumnar a gente con posturas antagónicas hasta
hace muy poco.
Lo más preocupante es que todas las protestas tuvieron como destinataria a la
presidenta de la Nación. Es el riesgo de conducir casi en soledad. Todos los
votos son de ella, pero también todas las críticas. Es una forma autoritaria de
gobierno que algunos denominan “cristinato”.
¿Cuál fue la reacción del oficialismo frente a estas novedades impensables
hace un par de semanas?
Arrojaron más nafta al fuego del facilismo con sus expresiones de deseo: los
caceroleros son golpistas de cuarta, millonarios que sólo creen en la religión
del dólar, y los ruralistas son conspiradores, avaros como dijo Cristina,
piqueteros de la abundancia.
Ni siquiera consideran que haya gente fatigada de tanta palabra blindada. Ni
se les cruza por la cabeza que haya ciudadanos hartos de que el Gobierno tenga
vocablos prohibidos como “inflación”, “inseguridad” o “corrupción”. O familiares
de la tragedia de Once que exigen juicio y castigo a los culpables. O empleados
que sienten en el bolsillo que vamos derechito a chocar contra la crónica de una
recesión anunciada. ¿No se puede frenar antes? Ya destruyeron el
autoabastecimiento energético pese a las advertencias de los expertos. ¿Van a
repetir el mecanismo con la economía? ¿No alcanza con ver las suspensiones de
horas extras y la destrucción de puestos de trabajo que aparecen en actividades
que fueron estrellas del crecimiento como la automotriz y la construcción? ¿No
se plantean que la bulimia por consumir dólares la desató el Gobierno con su
corralito? Es cierto que ante tanto río revuelto suele merodear una pescadora
del terrorismo de Estado como Cecilia Pando. Pero nadie la apoya.
Con su altanería, el Gobierno es una máquina de expulsar materia gris
económica como Lavagna, Remes, Prat Gay, Redrado, Peirano y Lousteau, entre
otros. El arbolito del dólar les tapa el bosque de la inflación. Con el viento
de la soja todavía a favor y sin ninguna causa objetiva para entrar en
turbulencias, la economía argentina, sin programa y sin piloto, corre
desesperadamente para todos lados detrás de los problemas, y sólo logra
agravarlos.
Es Moreno y no el mundo el que se nos cayó encima.
Cristina utiliza un maniqueísmo absurdo para consolidar a Néstor Kirchner
como una estampita de Oesterheld. En su objetivo de santificar e instalar en un
altar a Néstor, la Presidenta se ve obligada a satanizar y demoler a sus viejos
aliados.
No quiere testigos molestos como el vaciado De Vido, el preso
Cirigliano o Cristóbal López, al que le puede ir peor si se confirman los
rumores de estatización del juego y de tarjeta roja para su desembarco en los
medios.
Borrar el pasado es imposible. La sociedad mediática siempre nos devuelve a
la costa los archivos que arrojamos al mar informativo. En la última cadena
nacional, la Presidenta se dedicó a fustigar a la directora de un colegio
confesional que no le permitió a una joven militante hacer un discurso sobre la
memoria y aquel nefasto 24 de marzo de 1976. Cristina mostró fotos y su
repudio.
En su momento la revista Noticias reveló la foto de Néstor Kirchner con el
general Oscar Guerrero (discípulo de Camps) en un acto por Malvinas donde
reclamaron el diálogo entre los militares y “las fuerzas vivas”.
En 1981, el matrimonio Kirchner había firmado una solicitada calificando el
régimen como “estado de derecho”.
Ya revelé lo que ocurrió con la ley que estableció el 24 de marzo como Día de
la Memoria en Santa Cruz. El proyecto de Argentino “Cococho” Alvarez y Carlos
Pérez Rosetti (País-Frepaso) en su segundo artículo establecía “instruir al
Consejo Provincial de Educación” para realizar actividades en todas las escuelas
que expliquen las consecuencias del terrorismo de Estado que instauró el golpe
de 1976 e “incentivar entre los alumnos los hábitos y las conductas
democráticas”.
El bloque del oficialismo que respondía al gobernador Kirchner y lo
integraban, entre otros, Cristina Fernández, Carlos Zannini y Héctor Icazuriaga
se negó a aprobar ese artículo. ¿Con qué argumento? No quisieron “provocar” a
las familias de militares radicadas en la provincia a la que pertenecen muchos
de los docentes y estudiantes.
Está escrito en el Diario de Sesiones. Aquella vez no hubo errores de
tipeo.
Alfredo Leuco
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