Después de indagar durante décadas en la trama de los episodios
más oscuros de la historia argentina, ahora es el turno de la actualidad. Desde
la mirada del observador crítico, Osvaldo Bayer señala avances y retrocesos de
la gestión de gobierno, manifiesta su preocupación por el presente de los
pueblos originarios y relata en detalle su conflicto con Hebe de Bonafini, la
titular de Madres de Plaza de Mayo. Una entrevista sin filtros, un debate
abierto a partir de la opinión de un referente de amplitud que, aún hoy, sigue
apostando por el socialismo en libertad como el mejor sistema posible.
Un ventarrón insondable lo empuja. No le permite que¬darse quieto,
le niega el be¬neficio de anclar su osamenta de historiador en un puerto seguro.
El viento lo moviliza. Lo lleva por todas las provincias. Lo escucha contar
anécdotas, compartir recuerdos, generar polémicas, incitar debates, alentar a
los luchadores. A su alrededor, el escenario se modifica tanto como los
auditorios. Una mesa, una silla, un micrófono. Un pequeño teatro comunitario, el
galpón de una fábrica recuperada, una biblioteca de pueblo perdida en la ruta.
Va a cumplir 86 años, y tal vez la armadura del guerrero acuse los achaques del
tiempo, pero el patagónico ventarrón lo va llevando de un extremo a otro del
país.
Muy de vez en cuando, detiene su andar. Frena el vértigo de ese
viento inquieto y se permite descansar algunas horas en El
Tugurio, su guarida de libros y recortes de diarios en el barrio de
Belgrano. Pero allí también las pausas se interrumpen cuando se escucha el
teléfono o suena el timbre de la puerta. Otra vez a la batalla. Otra vez el
ventarrón insondable que sopla recuerdos y opiniones ante la curiosidad de los
cronistas de turno. Esta vez no es la entrañable biografía de Severino Di
Giovanni la que nos convoca. Tampoco la memoria de la gesta obrera en la rebelde
Patagonia del siglo pasado. La oportunidad ahora es escucharlo opinar sobre la
cruda actualidad, anotar sus impresiones sobre el gobierno y sobre su repudio
visceral por las opciones de la derecha; registrar las deudas pendientes de una
democracia injusta e incompleta, dar cuenta de su tristeza por los conflictos
con Hebe y sus Madres de Plaza de Mayo. Otra vez, Osvaldo Bayer habla. Y un
rebelde ventarrón despeina su mirada libertaria.
-Tu opinión como observador del
presente siempre está marcada por la preocupación por algunos temas sociales
pendientes. En relación con la gestión del gobierno, ¿dónde señalarías sus
avances y en qué retrocedió o muestra una continuidad con procesos
anteriores?
Entonces, hay mucho que aprender para ir cimentando cada vez más
la democracia. Además están los partidos con representación parlamentaria, todos
opositores a muerte pero que no representan ninguna alternativa política, salvo
la ultra conservadora; con la excepción del socialismo en Santa Fe, que ha hecho
cosas positivas y ha demostrado ser un gobierno honesto.
Por eso tenemos que seguir luchando desde abajo. Siempre digo que
mientras haya villas miseria no habrá una verdadera democracia, porque por lo
menos tendría que asegurar un techo digno a las familias con hijos. Tampoco la
hay mientras haya niños con hambre; y hasta en las estadísticas oficiales se
reconoce que hay un porcentaje de niños desnutridos. Entonces, no tenemos que
conformarnos con poner un papelito en la urna cada dos años porque eso no es
verdadera democracia. Lo sería si todos los partidos contaran con los mismos
fondos para sus publicidades, pero hoy hay algunos que tienen millones y ganan
solamente con el candidato sonriente en los carteles callejeros.
Es verdad que a este gobierno le faltan dos cosas fundamentales:
el cuidado de la ecología, desarrollar una política en eso y desechar todas las
inversiones (aunque sean muy comprometedoras) que afectan nuestro panorama
ecológico, nuestro paisaje, nuestra cultura. Y la otra es seguir una línea de
conducta respecto de los pueblos originarios; reconocerlos propietarios de las
tierras comunitarias donde están desde hace siglos y otorgarles la seguridad de
que no se los va a reprimir ferozmente, como sucedió, por ejemplo, en
Formosa.
-Con respecto a esa represión
contra los qom, ordenada por el gobernador justicialista Gildo Insfrán, ¿en que
falló el Estado y cuál debería haber sido la respuesta del gobierno
nacional?
Por ejemplo, también en el caso del Hotel BAUEN, que siempre la
justicia les está dando la razón a los antiguos propietarios: hay que defender
la cooperativa, esa es una forma de profundizar la democracia en la Argentina.
Además, los obreros lo tomaron y armaron la cooperativa cuando se cerró el hotel
y lo han convertido en un espacio realmente progresista: se hacen actos, viajan
todos los representantes del gremialismo del interior, etc. El gobierno nacional
tiene que defender eso pese a que la justicia diga otra cosa: dictar una ley,
mover al Congreso...
Fuente: Sudestada

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