Hoy, nueve años después, nos dicen que la historia
argentina es un pequeño relato. Que comenzó en 2003 y que antes de aquel 25 de
mayo, todo era oscuridad. Hasta que llegó Él, cuyo nombre no pronunciaremos en
vano, y nos dio una historia, un tiempo, una presencia: un espacio en el mundo.
Él hizo un gobierno más que aceptable. Coqueto con la prensa, firme ante el
Fondo Monetario, amigo de Lavagna. Él gobernó para la historia grande
argentina.
Al morir, su nombre se volvió pronombre y a nosotros nos
toca analizar por qué.
En primer lugar, la referencia a la analogía bíblica es
ineludible. Este gobierno, que es cristiano y se pelea con la Iglesia (fiel a su
estilo de confundir), que nos dice que la historia empezó en 2003, también tiene
un creador. Está claro que Él no remite a la totalidad del ser Néstor
Kirchner, porque los signos siempre se refieren a su objeto con un fundamento,
es decir, destacando ciertos aspectos del todo. En este caso, NK se ganó la
fama de pronombre al morir, por eso Él nos remite al NK muerto.
Es interesante, porque los políticos cuando mueren no
son políticos, son próceres. Eso es lo que nos enseña la historia. Rosas, San
Martín, Belgrano, Mitre, Roca, Sarmiento no defendían la misma idea de Nación y,
sin embargo, están todos en la misma tirada de billetes. Moreno y Rivadavia,
enfrentados por la Historia, se cruzan por el barrio de Once. El hombre político
se convierte en prócer cuando muere y pasa el tiempo, entonces sus ideas ya no
representan conflictos actualizados (o sí, pero caen en el olvido, lo que para
el caso da igual). La operatoria de llamar a NK por un pronombre es un intento
de acelerar su carácter de prócer. Sustraerle el conflicto a su persona. De
hecho, no sólo el conflicto, sino también el nombre. Él es un prócer, un
fundador. Ni de izquierda, ni de derecha, ni blanco, ni negro: una referencia
objetiva. Es una maniobra inteligente, porque las ideas de los hombres siempre
son de izquierda o de derecha y las de Néstor Kirchner, en particular, son muy
actuales y todavía son fuente de tensiones sociales. Pero las ideas de Él no son
actuales, ni son conflictivas. Porque nadie se pelea con un muerto, nadie lo
degrada. Los hombres cuando mueren comienzan a cobrar el reconocimiento y el
respeto que no han tenido en vida (quizás porque no lo merecían). Porque a todos
la muerte nos toca y cada persona que muere nos da un nuevo significado, una
nueva versión, de la idea de muerte. Entonces no podemos ser ajenos al hecho de
que Él esté muerto y no podemos decir de Él lo que decimos de Ella, porque hay
golpes bajos a los que todavía nos rehusamos. Porque pelearse con un muerto es
un acto de cobardía: los muertos no discuten, ni se pelean, ni se pueden
defender.
La dicotomía que se nos presenta en este punto es que a
Él lo quieren mostrar como prócer, pero para nosotros la muerte de Néstor
Kirchner es reciente. No es como la muerte de Roca, que no nos quita de poder
decir de él lo que pensamos sin ningún filtro de sinceridad. Roca es una
figurita de la Historia que nunca fue real, Néstor es un ser humano que
falleció. Pero más interesante todavía es la función que cumple Él en el
discurso kirchnerista.
Porque si Él: No es fuente de conflictos, es fundador de
la historia y además (es cierto) fue Presidente del mejor gobierno de la
historia grande; entonces Él es el elemento legitimador de todos los actos de
gobierno. Es la referencia bíblica de la que hablábamos antes: Dios también es
creador, también lo tratamos de pronombre y su función también es la de
legitimar los actos de los hombres, en función de lo que Él dice. Pero un
pronombre es algo que no tiene sustancia; es un denotador, cuya significación
varía siempre según el contexto, como la ideología del Néstor Kirchner muerto.
Como cuando estatizamos YPF, Cristina no dijo que era el sueño que siempre tuvo
Néstor Kirchner, dijo que era el sueño de Él. Porque Él no es NK; Él es los que
los vivos le hacemos ser a NK, por eso es un pronombre. Él está sobrevolando
este gobierno, dándole legitimidad a cualquier cosa que quieran decir o hacer
pensar. Y sirve, porque él fundó la historia, nos sacó de las tinieblas y
gobernó bien. Y hoy está muerto. Y no se puede defender, ni le podemos decir
nada. Por eso Él es más importante como pronombre que como Néstor Kirchner, que
ya no existe.
Como buenos peronistas, los kirchneristas, literalmente,
le corren el cuerpo a la cuestión.
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