viernes, 25 de mayo de 2012

El

Un 25 de mayo, en medio de festejos patrios muy desteñidos, asumía la presidencia el tercer pronombre personal de nuestro vocabulario. Él, que se presentaba de la mano del otro, el Padrino. Con un traje cuidadosamente desprolijo (Néstor Kirchner siempre fue un tipo muy elegante…hasta que asumió la presidencia) y con una cicatriz en la frente, por el golpe que le propició una cámara en el medio de los saludos personales con la masa, Él se presentaba ante el pueblo que lo había elegido con apenas un 23% de los votos y que, muy probablemente, no lo conociera antes de esas elecciones.
Hoy, nueve años después, nos dicen que la historia argentina es un pequeño relato. Que comenzó en 2003 y que antes de aquel 25 de mayo, todo era oscuridad. Hasta que llegó Él, cuyo nombre no pronunciaremos en vano, y nos dio una historia, un tiempo, una presencia: un espacio en el mundo. Él hizo un gobierno más que aceptable. Coqueto con la prensa, firme ante el Fondo Monetario, amigo de Lavagna. Él gobernó para la historia grande argentina.
Al morir, su nombre se volvió pronombre y a nosotros nos toca analizar por qué.
En primer lugar, la referencia a la analogía bíblica es ineludible. Este gobierno, que es cristiano y se pelea con la Iglesia (fiel a su estilo de confundir), que nos dice que la historia empezó en 2003, también tiene un creador. Está claro que Él no remite a la totalidad del ser Néstor Kirchner, porque los signos siempre se refieren a su objeto con un fundamento, es decir, destacando ciertos aspectos del todo. En este caso, NK se ganó la fama de pronombre al morir, por eso Él nos remite al NK muerto.
Es interesante, porque los políticos cuando mueren no son políticos, son próceres. Eso es lo que nos enseña la historia. Rosas, San Martín, Belgrano, Mitre, Roca, Sarmiento no defendían la misma idea de Nación y, sin embargo, están todos en la misma tirada de billetes. Moreno y Rivadavia, enfrentados por la Historia, se cruzan por el barrio de Once. El hombre político se convierte en prócer cuando muere y pasa el tiempo, entonces sus ideas ya no representan conflictos actualizados (o sí, pero caen en el olvido, lo que para el caso da igual). La operatoria de llamar a NK por un pronombre es un intento de acelerar su carácter de prócer. Sustraerle el conflicto a su persona. De hecho, no sólo el conflicto, sino también el nombre. Él es un prócer, un fundador. Ni de izquierda, ni de derecha, ni blanco, ni negro: una referencia objetiva. Es una maniobra inteligente, porque las ideas de los hombres siempre son de izquierda o de derecha y las de Néstor Kirchner, en particular, son muy actuales y todavía son fuente de tensiones sociales. Pero las ideas de Él no son actuales, ni son conflictivas. Porque nadie se pelea con un muerto, nadie lo degrada. Los hombres cuando mueren comienzan a cobrar el reconocimiento y el respeto que no han tenido en vida (quizás porque no lo merecían). Porque a todos la muerte nos toca y cada persona que muere nos da un nuevo significado, una nueva versión, de la idea de muerte. Entonces no podemos ser ajenos al hecho de que Él esté muerto y no podemos decir de Él lo que decimos de Ella, porque hay golpes bajos a los que todavía nos rehusamos. Porque pelearse con un muerto es un acto de cobardía: los muertos no discuten, ni se pelean, ni se pueden defender.
La dicotomía que se nos presenta en este punto es que a Él lo quieren mostrar como prócer, pero para nosotros la muerte de Néstor Kirchner es reciente. No es como la muerte de Roca, que no nos quita de poder decir de él lo que pensamos sin ningún filtro de sinceridad. Roca es una figurita de la Historia que nunca fue real, Néstor es un ser humano que falleció. Pero más interesante todavía es la función que cumple Él en el discurso kirchnerista.
Porque si Él: No es fuente de conflictos, es fundador de la historia y además (es cierto) fue Presidente del mejor gobierno de la historia grande; entonces Él es el elemento legitimador de todos los actos de gobierno. Es la referencia bíblica de la que hablábamos antes: Dios también es creador, también lo tratamos de pronombre y su función también es la de legitimar los actos de los hombres, en función de lo que Él dice. Pero un pronombre es algo que no tiene sustancia; es un denotador, cuya significación varía siempre según el contexto, como la ideología del Néstor Kirchner muerto. Como cuando estatizamos YPF, Cristina no dijo que era el sueño que siempre tuvo Néstor Kirchner, dijo que era el sueño de Él. Porque Él no es NK; Él es los que los vivos le hacemos ser a NK, por eso es un pronombre. Él está sobrevolando este gobierno, dándole legitimidad a cualquier cosa que quieran decir o hacer pensar. Y sirve, porque él fundó la historia, nos sacó de las tinieblas y gobernó bien. Y hoy está muerto. Y no se puede defender, ni le podemos decir nada. Por eso Él es más importante como pronombre que como Néstor Kirchner, que ya no existe.
Como buenos peronistas, los kirchneristas, literalmente, le corren el cuerpo a la cuestión.
 

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